La cabeza se arma con decenas de aros de hilo enrollados, uno sobre otro, hasta que queda redonda y mullida. Las hojas van dentadas, como las del diente de león de verdad, y abren desde la base del tallo.
Va sembrado en una maceta tejida en café, con la tierra en negro. El diente de león de verdad se deshace de un soplo; este no.








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